Cartel de San Fermín 2018 (I): Caer en semifinales

Un año más se acercó la fecha del concurso del cartel de San Fermín. Un año más me llené de los mejores propósitos para participar: buenas ideas, buenos propósitos, intención de organizarme… Pero a diferencia de otros años esta vez los cumplí y me presenté.

Como mi puntería suele estar muy afinada, al leer las bases recién salidas del horno del Ayuntamiento, compruebo que se ha cambiado el formato de selección/presentación para el concurso. La primera en la frente…

Sobre el nuevo formato del concurso

“El Ayuntamiento de Pamplona ha introducido cambios en el tradicional concurso para la elección del cartel de San Fermín para tratar de dar más valor al trabajo creativo. Según recogen las nuevas bases, en un primer momento no será necesario entregar el cartel en soporte, sino un boceto con una explicación del planteamiento y del concepto de idea. Con estos elementos, se preseleccionarán 20 candidatos, a los que sí se pedirá la impresión y presentación en soporte rígido para su evaluación. El jurado entonces elegirá ocho finalistas para someterlos a la votación popular, como se viene realizando desde el año 2008.”

En la primera fase, se entrega un boceto y una explicación del mismo en un pendrive.
Por un lado me parece muy ambiguo el presentar “un boceto”. Un boceto puede ser desde un garabato en una servilleta hasta un arte definitivo a falta de una pincelada final. Además, el tener un margen de tiempo tan pequeño antes de saber si estás seleccionado entre los 20 semifinalistas y la presentación de la impresión obliga a tener listo o haber entregado el diseño definitivo.

Sobre la explicación del diseño, imagino que para el jurado imagino es muy cómodo una selección individual viendo todos los carteles en su casa antes de ponerla en común. Sospecho que el archivo explicativo del diseño, de un máximo de dos hojas de extensión, no se habrá leído en la mayoría de los casos, aunque sí que pienso que podrá haber ayudado algo.

La presentación de la propuesta en formato digital en un pendrive consigue que la participación en este concurso no suponga un coste económico (hasta ahora había que presentar únicamente el cartel impreso). Sólo los 20 seleccionados semifinalistas deberán entregar el arte final impreso y el Ayuntamiento les pagará 100€ para cubrir los gastos de impresión.

Sospecho, sin base ninguna he de decir, que este nuevo formato ha influido en la bajada de trabajos presentados: 332 obras, más de 50 trabajos menos que en 2017 y 2016.
De igual forma, y con la misma base científica, creo que esta forma de presentarse al concurso sin apostar dinero; es decir, desembolsar el necesario para la impresión desde un comienzo como en años pasados, puede haber favorecido la bajada de la calidad de los diseños.

Idea +inspiración + tiempo + trabajo

El mero hecho de volver a presentarme me hizo mucha ilusión y haber sido elegido entre los 20 carteles semifinalistas me ha dejado un sabor agridulce.

A lo largo del año y debido en gran medida a mi trabajo creativo, ves diseños que te gustan e inspiran, recoges ideas o las creas, e incluso planteas bocetos y garabatos con la convicción y objetivo de presentarte al concurso de carteles de San Fermín. Desafortunadamente, la mayoría de las veces se quedan en eso. El volumen de trabajo, la inspiración, el tiempo que se echa encima o procrastinar a lo bestia me ha impedido presentarme los últimos años.

Pero este no iba a ser igual.

Tenía una idea. Una buena idea.
Resultó que las musas estaban de mi lado y trabajando en el cartel por las noches, los findes y a las noches de los findes, conseguí tener el diseño definitivo.

Un diseño para dominarlos a todos (El jurado, se entiende…)

Una vez entregas el cartel, en el formato que sea, la suerte está echada. Ante ti está un pelotón de fusilamiento con siete soldados (el jurado) que van a disparar a los 332 carteles sin piedad y a discreción. De ahí solo 20 quedarán en pie.

He de decir que, aparte de satisfecho por presentarme, sabía que el diseño era muy bueno. Un cartel de diseñador gráfico basado en una ilustración que mezcla líneas definidas con trazos rotos de brocha y una tipografía cuidada e integrada en la propia ilustración. Muy inspirado por Saul Bass e ilustradores actuales como Olly Moss.
Potente, de colores planos e intensos, muy publicitario…

Así que entregué el diseño y me olvidé hasta que un jueves me llamaron del Ayuntamiento para comunicarme que había pasado el corte y estaba entre los 20 semifinalistas. De 332 ya solo quedamos 20. El 6%. Visto así no está mal, pero quedarse ahí sería muy frustrante…

En los ocho días que te daban para presentar el cartel ya impreso, mandé a producir nueve pruebas de color hasta dar con el ajuste perfecto de rojos, negros y blancos. Una auténtica tortura por la que estaba dispuesto a pasar si conseguía estar entre los ocho finalistas. La mañana del último día entregué en la Ciudadela, embalado como si fuera un Rothko de 67 millones de euros, el cartel de San Fermín y de nuevo me encomendé a los dioses (=¿el jurado?).

Con una semana de retraso por el tema de la sentencia de La Manada, el jurado falló los ocho finalistas que pasarán a ser votados por los pamploneses y yo fallé con mi cartel que no pasó el corte. FUCK!!

Sobre el jurado y los finalistas

Vaya por delante que siempre defenderé un jurado en un concurso de este tipo. Lo comparta o no, la mayoría de los integrantes del mismo poseen un criterio profesional en el que basan su selección.
También considero que es una labor complicada que, seguramente, les lleve incluso a discusiones internas más o menos acaloradas. Además, la decisión final que tomen será, casi seguro, muy cuestionada por una ciudad entera con argumentos como “vaya mierda son”, “qué feos”, “un niño lo podría haber hecho mejor” o similares.

No obstante, cuando el 2 de mayo a las 12:00 horas se publicaron los finalistas, aparte de la decepción y el cabreo inicial de no estar entre ellos, se unió una sensación de frustración por no compartir la selección de los finalistas.

(Haters gonna hate)

Aun sonando a mal perdedor, creo que el cartel de San Fermín que presenté era un muy buen diseño en concepto, composición, técnica y ejecución que bien podría haber estado en la final.

No puedo decir lo mismo de todos los finalistas. Para mí, algunos tenían una técnica cuestionable y otros presentan un concepto que poco tiene que ver con La Fiesta. Cuestión aparte es el hecho de que de forma deliberada o no ningún San Fermín esté entre ellos…

Desde aquí lanzo también una reflexión: es cierto que el jurado siempre se la juega con algún cartel arriesgado para romper un poco pero, en ocasiones, (esta puede ser una y creo que todos podemos imaginar de quien hablo) dudo mucho que el cartel arriesgado obtenga un 6% de votación popular. Desde mi punto de vista, su selección es tirar una plaza para otro cartel que pueda ser menos arriesgado pero de igual o calidad superior y más votable.

Ahora, los finalistas deben ser votados por el pueblo.

Aunque en las bases del concurso pone que deben ser carteles originales, inéditos y anónimos, es conocido y de sentido común que juega un papel fundamental en la votación el que tenga más amigos.

De una forma más o menos discreta se hacen campañas a favor de la votación de un cartel determinado por parte del creador y su entorno. Es por eso que, en otras ocasiones, han ganado carteles corales hechos en un colegio o que siempre partirán con ventaja aquellos diseños hechos por un pamplonés con amigos en la ciudad…

Por supuesto, yo jamás haría eso…

El retrogusto final

Como diseñador/ilustrador que cuestiona constantemente su trabajo, el no estar entre los finalistas sí que me ha hecho dudar de si la calidad era la que yo estimaba. Esta sensación se ha visto acentuada estos últimos días al ver algunos de los semifinalistas que tampoco pasaron el corte final y comprobar que, bajo mi criterio, tenían una calidad baja.

Como conclusión, me llevo el saber que presenté un diseño muy cuidado y fiel a mi estilo de ilustrador que peleó hasta el último corte del concurso.

Como los yankies, me colgaré este nuevo fracaso como una medalla a la perseverancia para lucir en el pecho el año que consiga ser finalista y, quien sabe, si ganar.

Nos vemos pronto en Cartel de San Fermín 2018 (y II): ¿Cómo se hace un cartel?