Cartel San Fermín 2019 (I): La maldición de la semifinal

Un año más se acercan las fechas de San Fermín y comienzan los preparativo. Un año más en el que se celebra el popular Concurso de Carteles de San Fermín para votar el cartel que representará las fiestas. Este año, con tanta elección, nos vamos a hinchar a votar…

Un año más me he presentado al concurso, y con este van tres. Y un año más que me he quedado en las semis. Y con este van dos años consecutivos (snif).

Como el año pasado, se me queda un sabor agridulce. Más agri que dulce sobre todo por repetir menú. Pero como soy de los que piensan que a veces  HACER es más importante que PENSAR, me voy contento.

Este año, he intentado seguir un poco mis ideas del pasado y ceñirme a un diseño basado en la ilustración muy limpio, potente y cuidado.

Os cuento mis impresiones sobre todo y nada de este concurso.

El formato del concurso y el jurado

Me gusta comentar en público y en privado que soy muy partidario de los jurados.

Sus integrantes suelen ser gente formada y con conocimientos artísticos y publicitarios en este caso (muy importante no olvidar esta última faceta) en el que basan sus selecciones en las dos fases del concurso.

He de decir que el formato que ahora tiene el concurso está algo mejor que el que ha tenido las décadas anteriores.

Se presentan los carteles en un formato digital sin imprimir junto con una breve explicación y los 20 que pasan el primer corte (éste pasé) se imprimen y presentan para la selección de los ocho finalistas (éste no pasé).

Este año se presentaron 277 obras frente a las 332 del año pasado. Un bajón considerable y que daría para sesudos análisis y conjeturas.

No obstante, sigo creyendo que un concurso de esta relevancia debería de mirar los que se celebran en localidades cercanas como San Sebastián o Bilbao donde se reserva al jurado (y su criterio) un porcentaje de la decisión final (33%).

Esto puede garantizar que sobre una votación igualada de varias obras, el jurado (y su criterio) escoja la que considera de mejor calidad.

Porque, ¿la calidad es democrática?

Participación vs. calidad

¿Un diseño es bueno por una decisión consensuada democráticamente o es bueno per se?

Es evidente que sobre un elemento con tintes artísticos cualquier punto de vista es subjetivo y personal. Lo que para mí significa San Fermín no tiene porque coincidir con lo que supone para ti.

Pero, en un diseño de cartelería, un diseño editorial o un trabajo de branding, hay una serie de criterios que se supone deben cumplir para que funcione.

Podríamos hablar de un cierto orden de los elementos (imágenes, textos, iconos), una claridad tipográfica que nos permita leer adecuada y jerárquicamente la información, un diseño que permita su reproducción en distintos tamaños y sobre diferentes soportes de forma adecuada y más puntos a tener en cuenta.

Por eso es un jurado preparado (y su criterio) quien debe evaluar y decidir si es un cartel que cumple con esos requisitos para PUBLICITAR las fiestas. Recalco publicitar porque hablamos de un cartel, pero no deja de ser la imagen de una macro campaña de publicidad que se organiza anualmente para promocionar Nuestras Fiestas y atraer a gente a Nuestra Ciudad.

La pregunta es: ¿queremos un concurso donde prime la participación en la selección final o queremos el concurso que decida el mejor cartel a nivel técnico?

NOTA: me sigue sorprendiendo que ya no aparezca nunca un San Fermín y apenas menciones taurinas. Seas religioso o no, seas antitauríno o ames la tauromaquia, son aspectos que también forman parte de la fiesta. Una parte importante y a veces más antigua. La fiesta es mucho más que eso, pero la fiesta también es eso.

El Juego de Tronos

Desde ayer ya conocemos a los finalistas. ¡Enhorabuena! Vuestro trabajo se ha visto recompensado y puedo imaginar la ilusión y los nervios de veros en la votación.

Sobre los diseños seleccionados, he de decir que hay algunos que me gustan mucho, otros que no, unos que suenan a repes y otros que se pasan de modernos. Por tener tenemos hasta uno polemicoso politiquero

Sobre este último, y que no hace falta señalar, solo decir que me resulta incómoda las condiciones de su selección teniendo en cuenta que aparece un candidato al congreso de un partido al cual pertenece uno de los miembros del jurado. Como mínimo, el criterio de imparcialidad queda muy cuestionado. Además, el asunto se agrava por la proximidad de las elecciones. Alguien no ha estado muy hábil aquí. O demasiado…

A lo que iba.

El gran juego ha comenzado. Las fichas están en el tablero. Los carteles se han descubierto y ahora comienza la política. Cada autor movilizará a su familia, llamará a filas a todos sus aliados, mandará cuervos vía WhatsApp a cada amigo o grupo al que pertenezca incluso hincará rodilla ante cualquier ser que se cruce delante de él por conseguir un voto más para su cartel.

Porque, reconozcámoslo, el anonimato en esta fase del concurso es una utopía ingenua que nunca se cumple.

Llegados a este punto gana el que más amigos tiene. Ya ha habido algunos años en el que esto ha sido bastante flagrante y doloroso por número de votos y por la diferencia respecto al segundo cartel más votado.

Por eso nunca ganará alguien de fuera. Por eso el trono siempre será para alguien de aquí. Y en esta carrera no hay segundos puestos.

“Cuando juegas al Juego de Tronos, o ganas o mueres pierdes. No hay término medio

Sobre mi diseño: Ojito cuando te mira así…

Alfred Hitchcock dijo una vez: “El auto-plagio es estilo” defendiendo la repetición de sus técnicas de filmación en sus películas.

Después de lo que acabo de revelaros, entenderéis que, en realidad, diseñamos para un jurado (y su criterio) que no conocemos hasta una vez entregada la obra. La parte de la votación no cuenta por lo tanto.

Y dado que vas a ciegas, solo se puede confiar en el instinto y en tu propio estilo.

El año pasado presenté un diseño de líneas limpias y mucha simbología inspirado en el estilo del mítico Saul Bass y del más actual Olly Moss. Un cartel de diseñador gráfico basado en una ilustración. Porque vengo de la ilustración y siempre diseño pensando en ella.

Y si algo funciona, ¿por qué vas a cambiarlo? Un estilo similar, con más color y una ilustración de más tamaño que ayudan a hacerla más impactante. Una tipografía decorativa cuidada y una composición equilibrada.

Pocos tipos con tan malas pulgas caen así de bien y por eso más de uno guardamos una foto de nuestro primer susto con el kiliki más gruñón.
Es una de las caras más reconocibles de nuestras fiestas. Grandes y pequeños, foráneos y locales sabemos quién es Caravinagre, y este año vuelve. Así que cuidadito…

¿Cómo se hace un cartel?

En unos días colgaré un nuevo post desvelando el proceso que sigo para el diseño del cartel de San Fermín, desde su idea conceptual hasta el arte final.

Un proceso que puede ser muy interesante para ver los entresijos de este tipo de trabajos y descubrir como detrás de cada detalle y de cada pequeña decisión hay siempre un motivo razonado o una finalidad estética.